No, por favor.
No convirtamos algo tan espiritual como la emoción bárbara de Aldo de Nigris en una cursilería barata y grosera.
Quiso Aldo jugar ante el América. Le dedicó a su hermano Toño el partido. Quería anotar. Como una ofrenda para el amor ido para siempre. Minuto 47: Suazo observa que Aldo avanza por extremo derecho y se catapulta sobre el área americanista. El chileno bombea un pase exacto y entonces sobreviene la explosión de emotividad y de técnica, porque Aldo mata con el pecho el vuelo del balón, observa la buena salida de Memo Ochoa, que cubre el primer palo, y sin ángulo de tiro lanza un perfecto zurdazo que bate al portero exactamente por la posición que mejor cubría. Un golazo.
Aldo corre. Aldo grita. Aldo alza los brazos y mira al cielo, que empieza a oscurecerse. Grita el estadio entero -¿acaso también los propios americanistas? y escapan muchas furtivas lágrimas. Y no tan furtivas. Es el gol de la vida para el hombre que se hizo futbolista siguiendo los pasos de su hermano mayor. Es un bello gol, además, y doblemente bello porque es el gol de la valiosa victoria.
¿Cómo es posible que ese momento subliminal sea groseramente insultado por la cursilería barata de una prensa deportiva que cada día nos obsequia groseras muestras de su ignorancia infinita? Se escribió (¿escribió?) en ESPN:
“...De Nigris, en buena posición y guiado por algo más que su corazón, recibió con el pecho... Definió con dedicatoria especial al cielo, donde su hermano Antonio gritó ese gol como si hubiera sido suyo”.
No, por favor...
¿Qué dirá ahora la FMF al Chelis?
Varias veces se quejó, y con razón, el Chelís Solá: perjudicar al Puebla parecía una consigna arbitral. La Federación no sólo no lo apoyó, sino que lo sancionó por ejercer el derecho constitucional de expresarse. Motivos le sobrarían al Chelís para volver a señalar el daño que causan al Puebla los hombres del pito en la boca...
Después del partido ante el Guadalajara, Ricardo Henaine –presidente ejecutivo del Puebla- se quejó de las fallas arbitrales de Erim Ramírez, que tanto afectaron a su equipo. “Es un ratero –dijo- y no debe volver a pitar en el futbol mexicano”.
¿Que no?... El equipo de la franja no jugó contra once azules, no, sino contra 12. El gran refuerzo fue Erim Ramírez, quien cooperó con dos goles para el empate a cuatro conseguido finalmente por el Cruz Azul. Uno fue a los 12 minutos y significó el 1-1: Torrado, entendido de que ni la FIFA ni nadie castiga a los tramposos como Henry, también metió la mano en un balón perdido y le resultó un excelente pase para Melvin Brown, quien anotó a la media vuelta. El otro fue a los 49, cuando el Puebla tenía ventaja de 4-2: Borgetti marcó a Lozano en el área local y lo acosó sin siquiera tocarlo. Lozano se arrojó al césped y la estolidez –hay quien habla de corrupción- de Ramírez lo llevó a marcar ese penalty inexistente. Lozano mismo lo ejecutó, hizo el 4-3 y él mismo, a los 81, decretó el empate.
No sería extraño que como consecuencia de esas dos graves fallas arbitrales, el Puebla perdiese la serie...
¿Qué perderá Iram Ramírez?
(Aunque no lo crea: Jared Borgetti ¡anotó!, después de sus cuatro golesotes en 17 partidos).
¿Y qué le dirá al Morelia?
Mucho tendría que explicar también la FMF sobre lo que sucedió en la comarca. Porque tendría que explica por qué el ¿árbitro? Germán Arredondo –otra joyita acostumbrada a ser el protagonista de su partidos- no sancionó con penalty una clara zancadilla al delantero michoacano Luis Rey. Era el eventual gol del empate, justo premio para el Morelia, que había arrinconado al Santos en su medio campo.
El Santos tuvo los arrestos para, no obstante jugar con 10 hombres –Vuoso fue expulsado a los 52 minutos con el 1-1 en la pizarra- anotar el gol que en ese momento era el de la ventaja y que a posteriori se convirtiera en el del triunfo. Lo marcó Carlos Ochoa, y suya fue la victoria, porque también anotó el 1-0.
Sin embargo, la lección no fue aprendida por el Santos. Si capaz fue de anotar con un jugador menos, ¿por qué no intentar un tercer gol? Se dejó venir al Morelia y sólo salió airoso por las terribles fallas de los delanteros michoacanos, la mala actuación de Arredondo y un remate final que se estrelló en el poste., ano
San Luis y Diablos: ¿equipos de llano?
La mediocridad de nuestro futbol se manifestó una vez más en San Luis, donde se enfrentaron el “superlíder” -¿de veras?- y el duodécimo de la tabla de clasificación. Respectivamente, Toluca y San Luis, que fueron primero y segundo en el grupo 1. Los rojos finalizaron con ¡14 puntos de diferencia! -35 contra 21.
Pero frente a frente, parecían los dos equipos sotaneros de algún torneo provinciano de equipos llaneros. ¿Es que estos dos cuadros, y en especial el Toluca, merecen disputar el título? No, por lo visto en San Luis. Flojos, lamentablemente flojos, sin orden y sin espíritu, con un par de técnicos medrosos, Toluca y San Luis fueron lo más despreciable de la primera ronda de la liguilla. Ganó el San Luis 1-0 –gol de un defensa, el uruguayo Pablo Aguilar, porque los delanteros no saben qué es eso de meter un gol- como pudo haber ganado 10-0, de no ser por su asombrosa capacidad para desperdiciar oportunidades.
La revancha será en La Bombonera, donde los Diablos no perdieron un solo partido... Pero uno de los que empataron, y angustiosamente, fue ante el San Luis: 1-1 con penalty en el último minuto. Y algo más para apagar cualquier sonrisita: cinco veces se han enfrentado en la liguilla: San Luis ganó tres y empató dos...
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Y ahí está. No perdió ningún local –los árbitros ganaron dos partidos- aunque los resultados no son garantía. No, de ninguna manera.
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